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  • DAÑOS POR MEDICAMENTOS

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LOS DAÑOS POR MEDICAMENTOS: UN SUPUESTO DE RESPONSABILIDAD OBJETIVA

 

La utilización de fármacos para remediar enfermedades se ha extendido a toda la población mundial. Es un método muy simple para combatir una dolencia, paliar los síntomas de una enfermedad o disminuir el dolor. El sentimiento invasivo del paciente desaparece, puesto que consiste en ingerir una píldora, un fluido o una pastilla. De allí, su éxito y aceptación por la gran mayoría de las personas.

El consumo de medicamentos ha ido en aumento en los últimos decenios. Pudiéndose calificar este uso exacerbado de abusivo e imprudente. Tan es así, que las autoridades sanitarias mundiales y nacionales, han hecho un llamamiento a la población recomendando la reducción del uso y abuso de los fármacos. Para ello, han desplegado distintas políticas y técnicas publicitarias para que los ciudadanos moderen su consumo.

Se han detectado casos graves de pérdida de los efectos curativos y beneficios de los medicamentos, al haber mutado la bacteria o virus que combatían, siendo más virulento y mortal. Nadie duda de la efectividad y necesidad de proteger y prevenir nuestra salud, pero ello, no significa que hagamos un uso indiscriminado de las medicinas que disponemos. Podemos llevarnos una desagradable sorpresa cuando aparecen los síntomas adversos o nocivos. Unas reacciones no deseadas y que, en ocasiones, son francamente difíciles de revertir o dirimir.

Ante la aparición de una reacción inversa de un fármaco, el mejor consejo es acudir de inmediato al médico que ha prescrito el tratamiento e informarle de ,estos efectos para que adopte las soluciones más apropiadas. Las reacciones adversas son muy difíciles de determinar y diferenciarlas de los síntomas habituales de la propia enfermedad que trata.

Los efectos secundarios imprevistos y no deseados del medicamento, pueden ser consecuencia de que la empresa farmacéutica que comercializa el tratamiento no ha realizado las pruebas y ensayos adecuados o, que no haya tomado todas las medidas preventivas para reducir el riesgo en los consumidores.

A veces, los perjuicios en el paciente vienen causados por una mala práctica del facultativo, quien no ha suministrado un tratamiento adecuado. Cuando se receta una medicación, se debe realizar una serie de comprobaciones respecto del paciente para evitar contraindicaciones, así como posibles alergias. También, deben tener en consideración la compatibilidad cuando se suministran dos o más fármacos simultáneamente y, comprobar si los efectos de las recetas prescritas son proporcionales a los resultados pretendidos para la salud del paciente.

No existe en nuestro ordenamiento jurídico una regulación específica de la responsabilidad de los daños causados por medicamentos. Hay que acudir al régimen general de responsabilidad por productos defectuosos que se configura como extracontractual y objetiva. Es extracontractual porque no media una relación contractual entre el consumidor y la empresa farmacéutica. El tratamiento se adquiere en la farmacia y es con el farmacéutico con quien se formaliza un contrato de compraventa. Y, es objetiva, porque el afectado no tiene que demostrar una conducta dolosa o culpable de la empresa comercializadora del fármaco. Solo es preciso demostrar que se han producido unos daños y que éstos han sido consecuencia de la ingesta de un medicamento.

El artículo 137, en su párrafo primero, de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios define qué se entiende producto defectuoso:

“Se entenderá por producto defectuoso aquél que no ofrezca la seguridad que cabría legítimamente esperar, teniendo en cuenta todas las circunstancias y, especialmente, su presentación, el uso razonablemente previsible del mismo y el momento de su puesta en circulación.”

La ley establece un plazo de prescripción de tres años para el ejercicio de la acción de reclamación. Este plazo se empieza a contar desde la conclusión de las reacciones adversas o el alta con secuelas. Esto es así, porque hasta este momento no se sabe el alcance de los perjuicios y la identidad de las secuelas.

En conclusión, los medicamentos no son infalibles, sino que pueden ser los causantes de otras dolencias, por lo que es muy recomendable un uso responsable y siempre bajo la supervisión de un doctor.