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  • SANIDAD

    En el sector sanitario, nuestros abogados despliegan todo su esfuerzo por devolver a los afectados la calidad de vida que tenían con anterioridad a los daños y secuelas sufridas.

Sanidad

La sanidad es un apartado de la vida especialmente sensible para todas las personas. Padecer una dolencia o una enfermedad siempre supone una contrariedad. A la gran mayoría, nos gusta estar sanos, fuertes y enérgicos. Un cuerpo saludable y vigoroso permite alcanzar las metas que se proponga un individuo.

El estado físico es un condicionante absoluto de la existencia que se va a llevar. En esencia, es tan vital, que determina la capacidad de movimiento, decisión y actuación de las personas.

Cuando el estado físico de una persona sufre una anomalía, una enfermedad o un accidente, las consecuencias pueden ser muy graves. Hasta tal punto que el afectado se vea impedido para desarrollar su existencia con la normalidad y expectativas más comunes.

Es dogmático, aun así es conveniente recordar que: con la salud de las personas no se juega. Las consecuencias pueden ser irremediables.

Con los avances que se ha producido en la medicina en los últimos años, los ciudadanos tienen depositada toda su confianza en los tratamientos que la medicina convencional proporciona, cuando se padece una infección o un daño físico. Los remedios, los medicamentos y las intervenciones  quirúrgicas, en principio, están más que estudiadas y probadas,  por lo que no tienen que generar unos perjuicios o un empeoramiento del estado de salud.

Sin embargo, la realidad no es así. Nos encontramos a diario con operaciones mal ejecutadas por los cirujanos. Observamos retiradas de fármacos de los mercados por sus efectos secundarios. El trato que se dispensa a los pacientes no es el adecuado. Se suscriben recetas indebidas para una dolencia. El panorama sanitario nos dibuja un elevado porcentaje de prácticas erróneas y carentes del cuidado debido y exigible.

La imputación de los médicos por una mala praxis en el ejercicio de su profesión tiene una larga tradición. El Código de Hammurabi de la civilización mesopotámica (año 4.000 A.C.), en un redactado de 13 artículos, regula la actividad de los médicos y las penas que se les imponen por una mala praxis o ejercicio indebido.

La responsabilidad en el ámbito sanitario, no tan solo engloba a los doctores de carrera, sino que también atañe a los enfermeros y enfermeras. Hay que entender que la enfermería ha sido recientemente conceptuada, si se comparara con la profesión de médico. No fue hasta la contribución de Florence Nightingale que se dotó de contenido a esta profesión y, en consecuencia, de unas obligaciones de buena práctica y de un código deontológico.

En el presente siglo XXI, somos conscientes de que la sanidad de un negocio muy lucrativo, principalmente para las compañías farmacéuticas. La incidencia en la sociedad de los productos que comercializan estas empresas es inestimable. A las personas nos agrada medicarnos para curarnos. Es lógico y beneficioso. No se pueden negar los efectos positivos y paliativos de los medicamentos. 

Pero bueno, a partir de que una compañía diseña un medicamento, lo prueba y ensaya  en un grupo concreto y lo saca al mercado, todo aquel que lo consuma está en riesgo. Un fármaco no es 100% seguro bajo ningún concepto. Los daños que causan en muchas ocasiones son irreversibles y muy graves. Se ha llegado a determinar que algunos fármacos han provocado el suicidio.

La responsabilidad sanitaria, por tanto, incluye también al sector farmacéutico. Las empresas que producen un determinado medicamento, responden por los daños y perjuicios que se causen por la ingesta de dicho fármaco. Esta responsabilidad se ha configurado sobre la figura jurídica del producto defectuoso.

Un tratamiento indebidamente prescrito por un facultativo acarrea su responsabilidad profesional. El doctor tiene un deber de cuidado respecto de sus pacientes, alcanzando la medicación que prescribe y su idoneidad para la curación de los casos que atiende.

La hospitalización y los tratamientos médicos son necesarios, pero no están exentos de riesgos como podemos comprobar. La vulnerabilidad de las personas que precisan de atención médica, obliga a los abogados a desplegar una especial sensibilidad cuando se les defiende.  

LOS DAÑOS POR MEDICAMENTOS: UN SUPUESTO DE RESPONSABILIDAD OBJETIVA

 

La utilización de fármacos para remediar enfermedades se ha extendido a toda la población mundial. Es un método muy simple para combatir una dolencia, paliar los síntomas de una enfermedad o disminuir el dolor. El sentimiento invasivo del paciente desaparece, puesto que consiste en ingerir una píldora, un fluido o una pastilla. De allí, su éxito y aceptación por la gran mayoría de las personas.

El consumo de medicamentos ha ido en aumento en los últimos decenios. Pudiéndose calificar este uso exacerbado de abusivo e imprudente. Tan es así, que las autoridades sanitarias mundiales y nacionales, han hecho un llamamiento a la población recomendando la reducción del uso y abuso de los fármacos. Para ello, han desplegado distintas políticas y técnicas publicitarias para que los ciudadanos moderen su consumo.

Se han detectado casos graves de pérdida de los efectos curativos y beneficios de los medicamentos, al haber mutado la bacteria o virus que combatían, siendo más virulento y mortal. Nadie duda de la efectividad y necesidad de proteger y prevenir nuestra salud, pero ello, no significa que hagamos un uso indiscriminado de las medicinas que disponemos. Podemos llevarnos una desagradable sorpresa cuando aparecen los síntomas adversos o nocivos. Unas reacciones no deseadas y que, en ocasiones, son francamente difíciles de revertir o dirimir.

Ante la aparición de una reacción inversa de un fármaco, el mejor consejo es acudir de inmediato al médico que ha prescrito el tratamiento e informarle de ,estos efectos para que adopte las soluciones más apropiadas. Las reacciones adversas son muy difíciles de determinar y diferenciarlas de los síntomas habituales de la propia enfermedad que trata.

Los efectos secundarios imprevistos y no deseados del medicamento, pueden ser consecuencia de que la empresa farmacéutica que comercializa el tratamiento no ha realizado las pruebas y ensayos adecuados o, que no haya tomado todas las medidas preventivas para reducir el riesgo en los consumidores.

A veces, los perjuicios en el paciente vienen causados por una mala práctica del facultativo, quien no ha suministrado un tratamiento adecuado. Cuando se receta una medicación, se debe realizar una serie de comprobaciones respecto del paciente para evitar contraindicaciones, así como posibles alergias. También, deben tener en consideración la compatibilidad cuando se suministran dos o más fármacos simultáneamente y, comprobar si los efectos de las recetas prescritas son proporcionales a los resultados pretendidos para la salud del paciente.

No existe en nuestro ordenamiento jurídico una regulación específica de la responsabilidad de los daños causados por medicamentos. Hay que acudir al régimen general de responsabilidad por productos defectuosos que se configura como extracontractual y objetiva. Es extracontractual porque no media una relación contractual entre el consumidor y la empresa farmacéutica. El tratamiento se adquiere en la farmacia y es con el farmacéutico con quien se formaliza un contrato de compraventa. Y, es objetiva, porque el afectado no tiene que demostrar una conducta dolosa o culpable de la empresa comercializadora del fármaco. Solo es preciso demostrar que se han producido unos daños y que éstos han sido consecuencia de la ingesta de un medicamento.

El artículo 137, en su párrafo primero, de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios define qué se entiende producto defectuoso:

“Se entenderá por producto defectuoso aquél que no ofrezca la seguridad que cabría legítimamente esperar, teniendo en cuenta todas las circunstancias y, especialmente, su presentación, el uso razonablemente previsible del mismo y el momento de su puesta en circulación.”

La ley establece un plazo de prescripción de tres años para el ejercicio de la acción de reclamación. Este plazo se empieza a contar desde la conclusión de las reacciones adversas o el alta con secuelas. Esto es así, porque hasta este momento no se sabe el alcance de los perjuicios y la identidad de las secuelas.

En conclusión, los medicamentos no son infalibles, sino que pueden ser los causantes de otras dolencias, por lo que es muy recomendable un uso responsable y siempre bajo la supervisión de un doctor.

DAÑOS CORPORALES POR NEGLIGENCIA MÉDICA

 

Las personas en el último siglo han podido depositar su confianza en la medicina para solucionar los quebrantos de salud y combatir las enfermedades. Se ha dejado atrás la liturgia religiosa, apostando por un método científico y pragmático de curación.La ciencia constantemente aporta nuevos descubrimientos, lo que nos ha permitido alcanzar unos niveles de evolución y tecnificación muy esperanzadores. El descubrimiento de las células madres nos proyecta hacia un campo de aplicación amplísimo. La nanorrobótica nos permite interferir en el cuerpo humano a un nivel celular. Y así, otros muchos avances que nos llevan a un sistema sanitario altamente avanzado y moderno.

A todo ello, se suma el alto grado de concienciación que tienen los expertos y las instituciones respecto del trato que deben recibir los pacientes. En años recientes, se ha ido descubriendo lo importante que es proporcionar un ambiente grato y deferencial para conseguir el éxito de los tratamientos y las operaciones.

Por otro lado, los facultativos, incluyendo todas las ramas y derivaciones de la medicina, también cumplen con un código deontológico y una práctica de buen hacer conforme a su cualificación. Esto último, es lo que se llama la Lex Artis Médica.

En definitiva, el ciudadano tiene una serie de garantías por las cuales puede confiar en que va recibir la atención adecuada para su dolencia. Para ello, se ha promulgado distintas leyes y normas destinadas a lograr el óptimo funcionamiento del sistema sanitario y el éxito de los tratamientos.

A pesar, de existir esta legislación y diferentes mecanismos de prevención y control, se producen sucesos que pueden ser calificados de mala praxis. Es decir, casos de los que deriva una responsabilidad por los daños infligidos a un paciente por una intervención o un tratamiento sin haber seguido los protocolos y procedimientos establecidos.

Por mala praxis, se entiende la actuación no conforme con la diligencia y buen hacer profesional que se puede exigir a un facultativo en el ejercicio de su actividad. Esta exigencia y rigor, es aplicable para todos los trámites y actuaciones que engloban su profesión: exploraciones, diagnósticos, tratamientos, operaciones quirúrgicas, prescripciones de fármacos y rehabilitaciones.

En los supuestos en que se pruebe una vinculación o una relación de causalidad entre la atención sanitaria recibida y los daños personales causados, cabe interponer una demanda de reclamación de una indemnización por negligencia médica. Para verificar la concurrencia o no de negligencia, entra en juego un juicio valorativo conjunto de los siguientes factores: la cualificación del facultativo, las características del paciente, el grado de complejidad de la intervención o del tratamiento y el rigor en el seguimiento de los procedimientos de curación convencionales.

De esta valoración se obtiene una conclusión en un sentido negativo o positivo. Por tanto, si la gran mayoría de los médicos, en idénticas condiciones, hubiera obteniendo el mismo resultado perjudicial al atender al paciente, se entiende que no existe negligencia. En caso contrario, cuando la gran mayoría no hubieran causado ningún daño, se entiende que existe responsabilidad.

No basta con acreditar que otro hubiera hecho la intervención con óptimos resultados, sino que es necesario demostrar que la gran mayoría habría conseguido esos mismos resultados satisfactorios siguiendo con la práctica habitual y procedimientos estandarizados.

A los efectos de determinar si se ha producido un quebrantamiento de la Lex Artis, va a ser necesario, el dictamen de un perito médico independiente que determine esta contravención y, por ende, la responsabilidad del facultativo basada en una actuación no adecuada o indebida.

Aún teniendo presente lo comentado en este artículo, los lectores deben saber que las negligencias en el campo de la medicina, no suelen darse con habitualidad y, cuando acontece uno, es muy llamativo, por lo que se propaga muy rápidamente.